15. Ilha do Mel

¡Que cosa es el mar!

Hace más de un año y medio que no iba a la playa, y la última vez fue en Vancouver…

Disfrute de más, desde que llegamos el viernes en la tarde nos fuimos directo a la playa, caminamos un rato y simplemente nos tiramos en la arena a disfrutar de la vista, el sol, las olas y el mar.

La isla es una reserva ecológica, no esta permitido ningún equipo motorizado dentro de ella, la puedes caminar fácilmente y disfrutar en cualquiera de las playas más cerca a tu hostal/posada/campamento.

La primera noche nos fuimos a cenar y tomar unas caipirinhas, intentamos ir a bailar un poco en la “disco” de la isla  pero estaba vacía pues la gente empieza llegar hasta las 12 de la noche, entonces nos fuimos a la playa e hicimos una fogata, tomamos unas cervezas y bailamos.

El dia siguiente despertamos con lluvia, yo la disfrute bastante, tomando desayuno tranquila y disfrutando de la hamaca y mi libro.

Paro la lluvia y corrimos a la playa, subimos al faro, nos acostamos dos horas, comimos camarones, camarones y más camarones 🙂

Después caminamos a otra playa en donde encontramos a la otra mitad del grupo, estaban en un local lindo en medio de una playa vacía. Tenia una tabla de surf y una vieja skimboard, pregunte si las rentaban… nos las prestaron!! Intente con la skimboard y pude lograr algo, pero con la de surf… jajajaj no me pude ni parar, estuve unos 20-30 minutos intentando, realmente tenia una muy vaga idea de como, pero la pasamos bien. Sólo dos lograron pararse unos segundos.

Todavía queríamos más aventura, y nos platicaron de un árbol gigante que lo podias rodear con apenas 15 personas. Un local nos llevó, pues no es un punto turístico y el camino es muy estrecho… una locura llegar ahí, plantas, humedad, piso profundo en lodo, mosquitos, mosquitos y más mosquitos! Pero claro que valió la pena, adentrarnos a la selva de la isla y ver ese gran árbol con enormes raíces fuera de la tierra.

Volvimos a la playa para ver el atardecer, para después terminar el día con un buen ‘regaderazo’ y tener otra dosis de caipirinhas, que con una ¡refresca como magia! No me voy a cansar de ellas este verano 🙂

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